La tristeza y su soledad

La soledad puede llevar a la tristeza y viceversa, y ambas pueden crear una sensación profunda de invisibilidad en nuestras vidas. A menudo, cuando nos sentimos solos y tristes, parece que nadie nos ve ni nos entiende. Nos encontramos atrapados en un mundo donde nuestras emociones y luchas parecen pasar desapercibidas.

Todos pasan a mi lado como si fuera una sombra, como si no existiera. ¿Será que soy tan insignificante que ni siquiera merezco una mirada? Me pregunto si algún día alguien notará mi presencia, si alguien se detendrá a escuchar lo que tengo que decir.

Esta invisibilidad puede ser abrumadora, haciéndonos sentir como si estuviéramos solas en una habitación llena de gente. Nos preguntamos si alguien realmente nos ve, si alguien realmente nos escucha. Nos sentimos desconectadas, como si estuviéramos flotando en un mar de indiferencia.

La tristeza invita a recogerse.

Es natural y necesario permitir lo que pide.

Y sentir invisibilidad no es otra cosa que algo de nuestra mente inquieta que busca entender aquello que solo debemos sentir.

Estoy triste. Tengo que estar en mi. Nada que ver con que me vean o no. Solo que para otras personas es complicado entender si tiene algo que aportar en ese momento. Y se hace a un lado por no entrar en ese sentir. No desea verte por ella misma. No eres tu.

Si de alguna manera sentimos que tenemos que estar de otra manera, estamos equivocándonos de pleno. Somos valiosas siempre, y si aceptamos nuestros estados, salimos más sabias y más fuertes.

Acepta, ten compasión de ti y de tu proceso.

Siente lo que sientes. Y recuerda que no estamos solas en nuestras luchas. Cuéntale a alguien. A quien te escuchará. Empezando por: «Estoy triste…»

Si alguna vez te sientes invisible, recuerda que tu luz brilla incluso en los momentos más oscuros. Y si ves a alguien más que parece estar luchando en la oscuridad, extiende tu mano y bríndale un poco de tu luz. Porque juntos, podemos iluminar incluso los rincones más sombríos y recordarle al mundo que cada uno de nosotros importa.

Por este lado, a veces también estoy triste y también paso por invisible. Lo busco incluso porque me escucho. Y me armo de coraje hasta la siguiente.

Por si necesitas esa oreja amiga, aquí estoy, sílbame.

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